¿Y si en lugar de darles a tus estudiantes respuestas en bandeja, empezaras a hacerles preguntas que los inciten a pensar de verdad?
Puede sonar a utopía, pero la pregunta como estrategia didáctica es una de las herramientas más poderosas que existen en el aula. No solo atrae la atención y despierta la curiosidad, sino que desafía a la mente y la empuja a construir aprendizajes mucho más profundos y significativos. Bien empleada, es uno de los principales detonadores del pensamiento crítico y analítico que deberías utilizar, sí o sí, en clase.
Enseñar a pensar empieza por saber preguntar
¿Te suena la serie española “Merlí? (Si no las has visto aún, te la recomiendo) Su protagonista es un controvertido profesor de filosofía que detesta seguir las normas y, en su lugar, prefiere provocar y lanzar preguntas para hacer reflexionar a sus estudiantes. Sin duda, poco convencional, pero muy efectivo, sobre todo cuando tu objetivo es enseñar a pensar a tus estudiantes.
Porque, contrario a lo que muchos creen, para enseñar a pensar no basta con facilitar buen contenido, también es necesario saber hacer las preguntas adecuadas que inciten a la reflexión, como reveló un estudio de la Universidad Católica de la Santísima Concepción. Preguntas inteligentes, trasgresoras, inesperadas y que rompan los esquemas convencionales. Preguntas que guíen el pensamiento y animen a los alumnos a cuestionarse realmente la información y a integrarla con los conocimientos que ya poseen.
Pero ¿por qué la pregunta como estrategia didáctica es tan efectiva?
- Cautiva la atención. Una buena pregunta rompe el piloto automático y “obliga” a los estudiantes a prestar atención a la conversación. En lugar de quedarse escuchando pasivamente, los hace partícipe del debate y pone a trabajar sus mentes.
- Despierta la curiosidad y la motivación. La pregunta juega con el ego. Y justo ahí radica su fuerza. Cuando un estudiante detecta una “brecha de información”, es decir, se da cuenta de que no sabe la respuesta y debe encontrarla, algo se activa por dentro. Le pica la curiosidad y eso lo motiva a pensar.
- Activa el pensamiento crítico y significativo. Las preguntas disruptivas activan la mente, incitan a la reflexión y animan a pensar. Según investigadores de la Universidad Ecci y la UNAB, son un gran aliciente para desarrollar las ideas y conferirle un sentido personal al conocimiento.
- Consolida el aprendizaje. Un alumno retiene mejor el conocimiento cuando lo analiza por sí mismo y es capaz de sacar sus propias conclusiones que cuando solo lo memoriza o se limita a comprender la información ya elaborada.
¿Cómo usar la pregunta como estrategia educativa?
La pregunta es una pieza clave para enseñar a pensar en el aula. Contradictoriamente, no toda pregunta lo consigue. Hay preguntas cómodas y previsibles que se centran más en obtener respuestas concretas que en fomentar una reflexión profunda y significativa. Preguntas como “¿En qué año se aprobó la Constitución?” o “¿Por qué es importante mantener una conducta cívica?” ayudan a transmitir o consolidar un conocimiento concreto, pero rara vez promueven un análisis crítico o conducen a un cuestionamiento real. Son preguntas que no incomodan, no desafían ni obligan a pensar de verdad.
Por eso, es importante que al usar la pregunta como estrategia educativa te asegures de elegir buenas interrogantes que inciten una reflexión verdadera, un análisis diferente o una interpretación personal. Preguntas que incomoden, que se salgan de la norma, que sorprendan y tengan un efecto real en los alumnos como “¿Cambió la Constitución realmente el estado de bienestar de las personas?” o “¿Por qué tu libertad termina donde comienza la de los demás?” (notas la diferencia, ¿no?).
He aquí algunas claves que pueden ayudarte a formular las preguntas adecuadas.
- Analiza el contenido desde un enfoque diferente. Las mejores preguntas nacen cuando te atreves a salirte de los convencionalismos y empiezas a analizar la información con nuevos ojos. Si no eres capaz de pensar fuera de la caja, difícilmente podrás hacer buenas preguntas que inviten a reflexionar a los alumnos.
- Usa la dicotomía para despertar interés. Una buena manera de despertar interés y promover una reflexión profunda consiste en utilizar la dicotomía como eje central de la pregunta. Por ejemplo, no es lo mismo preguntar “¿Son justas las acciones legales?” a “¿Puede algo ser legal y a la vez injusto?” o “¿Es la verdad un valor moral básico?” a “¿Siempre es bueno decir la verdad?”.
- No busques una única respuesta correcta. Las buenas preguntas no tienen una respuesta válida o acertada, sino que admiten matices, toleran contradicciones y permiten el debate. Se abren a más de una solución que se basa en la experiencia y los conocimientos de cada uno de los alumnos.
- Recurre a la sorpresa o, incluso, al absurdo. Combina elementos disruptivos, poco convencionales o, incluso, absurdos. Esto no solo atraerá la atención, sino que estimulará automáticamente el nivel cognitivo de análisis y reflexión. Por ejemplo, puedes hacer preguntas como “¿Qué pensaría un cavernícola de nuestra estructura social si apareciese de repente en nuestra época?” o “Si fueses el presidente del país, ¿qué cambiarías en la educación?”
- Conecta con la realidad personal. Los alumnos tienden a conectar menos con las preguntas genéricas o abstractas mientras que prefieren aquellas a las que puedan responder de manera personal. Por tanto, apuesta por dilemas reales, situaciones cotidianas o problemas reconocibles con los que puedan sentirse identificados.
Sin duda, la pregunta es uno de los mejores recursos educativos que puedes usar en el aula para enseñar a pensar, de verdad. A fin de cuentas, como dijo el dramaturgo y escritor Eugène Ionesco: “No es la respuesta lo que ilumina, sino la pregunta”.
Referencias:
Benoit, C. (2020). La formulación de preguntas como estrategia didáctica para motivar la reflexión en el aula. Cuadernos de Investigación Educativa, 11(2), 95-115.
Cruz, P. y Hernández, L. (2023). La pregunta como herramienta educativa para construir conocimiento filosófico-científico. Aletheia: Revista de Desarrollo Humano, Educativo y Social Contemporáneo, 15(1).
Crédito de foto: Imagen libre de Pexels





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