¿Te gusta escuchar música mientras estudias?
Pues quizá no sea mala idea.
Además de ayudar a relajarte y mejorar tu estado de ánimo, escuchar música, sobre todo si es clásica, también potencia tu concentración y activa la memoria. Es lo que en psicología se conoce como efecto Mozart, un fenómeno que puede convertirse en tu mejor aliado para aprender sin mucho esfuerzo, como revelaron investigadores de la Universidad Politécnica Salesiana del Ecuador.
¿Qué es el efecto Mozart?
El efecto Mozart es un fenómeno psicológico que plantea que escuchar la música del célebre compositor austríaco puede potenciar temporalmente funciones cognitivas como la atención, la memoria y el razonamiento espacial. Sienta su base en la forma en la que el cerebro responde a los estímulos musicales, especialmente a la armonía, la estructura y la complejidad propias de la música clásica.
Y es que, aunque la mayoría de los estudios se han centrado en la famosa Sonata para dos pianos en re mayor, los efectos no son exclusivos de Mozart. Otras composiciones que comparten un flujo musical coherente y fluido, una armonía vivaz y un ritmo ágil y sostenido también pueden generar beneficios similares.
Estas piezas logran sincronizarse con el sistema nervioso y neurovegetativo, estimulando la corteza cerebral, en particular las áreas vinculadas con el procesamiento espacial y la memoria a corto plazo. Al mismo tiempo, inducen un estado de activación positiva que reduce el estrés, favorece el estado de ánimo y promueve la liberación de dopamina, el neurotransmisor clave en la motivación y el aprendizaje.
¿Cómo el efecto Mozart mejora tu aprendizaje?
Si bien el efecto Mozart tiene sus orígenes en los estudios de los investigadores Rauscher y Shaw en los que sugerían que escuchar la sonata para dos pianos de Mozart mejoraba temporalmente las habilidades de razonamiento espacio-temporal en estudiantes universitarios, fue el musicólogo de la Universidad de California Campbell quien sostuvo que la música de Mozart podía estimular la capacidad de aprendizaje. ¿Cómo lo hace?
- Regula la activación cerebral
Para que el aprendizaje fluya, el cerebro necesita estar en el punto justo de activación: ni demasiado relajado ni demasiado tenso. Y ahí es donde entra en juego la música. Escuchar una sonata de Mozart, o cualquier instrumental bien estructurado, puede ayudarte a alcanzar ese equilibrio perfecto. Favorece la concentración, reduce la ansiedad leve y prepara la mente para asimilar información con más claridad.
Investigadores de la Universidad de Maribor demostraron que, después de escuchar a Mozart, aumentan las ondas alfa en el cerebro, esas que se asocian con un estado de calma activa y apertura mental. En la práctica, esto significa que, si estás disperso o saturado, unos minutos de música pueden reajustar tu nivel de alerta y activar el modo “aprendizaje óptimo”.
- Mejora el procesamiento cognitivo
Escuchar buena música también influye en el funcionamiento del cerebro. Mientras sigues su ritmo y armonía, tu mente organiza, integra y anticipa patrones, una especie de entrenamiento cognitivo del que no te das cuenta. Sin embargo, ese nivel de activación mejora la atención, el razonamiento y la memoria.
Así lo reveló un estudio de la Universidad de Dayton en el que se encontró que escuchar a Mozart (o música instrumental similar) incrementa la velocidad de razonamiento espacial y la precisión del procesamiento lingüístico. En otras palabras: mejora la actividad cognitiva. Así que, ya sabes, la próxima vez que quieras aprender un nuevo contenido escucha primero un poco de música instrumental.
- Fomenta la metacognición
El tercer mecanismo tiene que ver con la memoria de trabajo y la metacognición. Y es que, aunque el impacto del efecto Mozart sobre la inteligencia sigue siendo muy debatido, la ciencia ha demostrado que la música en general favorece la fluidez mental y el descanso activo de ciertas áreas del cerebro. De esta manera, no solo favorece la actividad mental, sino que también promueve la metacognición.
En la práctica, escuchar música mientras estudias no solo te ayuda a concentrarte mejor y optimizar tu memoria contextual, sino que te permite ser más consciente de la manera en la que estudias y aprendes.
¿Cómo puedes beneficiarte de estas ventajas?
Tanto si eres un apasionado de la música clásica, como si prefieres la instrumental, elegir una lista musical para estudiar puede cambiar completamente tu experiencia y ayudarte a aprender mucho más rápido y mejor el contenido. Así que, te propongo que la próxima vez que vayas a estudiar:
- Empieces escuchando música instrumental para activar el cerebro, como esta, por ejemplo:
- Luego, céntrate en el contenido, lee, toma notas o escribe.
- Por último, termina con unos minutos de reflexión acompañados de música suave, para ayudar a consolidar lo aprendido.
Con esta sencilla secuencia estarás combinando tres claves esenciales para un aprendizaje efectivo: activar, enfocar y consolidar. O, dicho de otro modo, estarás aprovechando la música no solo para escuchar, sino para pensar mejor.
Referencias:
Jausovec, N., Jausovec, K., & Gerlic, I. (2006). The influence of Mozart’s music on brain activity in the process of learning. Clinical Neurophysiology, 117(12), 2703–2714.
Angel, L. A., Polzella, D. J., & Elvers, G. C. (2010). Background music and cognitive performance. Perceptual and Motor Skills, 110(3, Pt. 2), 1059–1064.
Morales, E. O., Reinoso, J. S. S., Maldonado, M. M. S., Haro, C. E. R., & Iñiguez, J. D. B. (2011). Análisis del Efecto Mozart en el desarrollo intelectual de las personas adultas y niños. Ingenius, (5), 45-54.
Crédito de foto: Imagen libre de Pexels





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