Los errores forman parte de la vida.
¿Recuerdas cuando eras un niño/a e intentabas armar un rompecabezas y siempre te faltaban o sobraban piezas? ¿Recuerdas tu frustración cuando no podías terminarlo solo/a?
Los errores nos acompañan desde muy pequeños. Más tarde, a medida que crecemos las equivocaciones crecen con nosotros. Volver a casa con los cuadernos llenos de correcciones que señalan nuestros errores. El fracaso de nuestro primer proyecto que no supimos llevar a buen puerto. O, esa inversión importante que no salió bien. Así, terminamos desarrollando una actitud negativa ante los errores alentada por una sociedad que criminaliza los pasos en falso.
Sin embargo, olvidamos que para aprender a caminar, antes nos caímos muchas veces. Que para aprender a sumar, erramos infinitas veces en los cálculos. Que antes de aprender a escribir, primero hicimos muchos garabatos. Olvidamos, que hemos crecido sobre nuestros errores y que han sido ellos los que nos han ayudado a convertirnos en las personas que somos hoy. Por tanto, en lugar de evitar a toda costa los errores y lamentarnos por cometerlos, aceptemos que equivocarnos forma parte de la vida y aprendamos de ello.
Los errores como motores impulsores del aprendizaje
Equivocarse significa fallar. Sí, pero también implica descartar una posibilidad que no era válida, abrazar una oportunidad para entrenar nuestras habilidades y aprender una lección de vida sobre lo que podemos o no hacer. Esto significa que podemos ver los errores como un obstáculo para nuestro desarrollo o como una oportunidad de aprendizaje esencial para nuestro crecimiento. Y es justamente ese pequeño cambio de perspectiva lo que convierte a los errores en grandes maestros de vida.
Curiosamente, los errores nos hacen ser quienes somos y, durante ese proceso, nos convierten en personas más resilientes, maduras y tolerantes a la frustración. Nos enseñan cuáles son las estrategias que no debemos seguir y cuál es el camino más indicado. Nos permiten identificar nuestras flaquezas para trabajar en ellas, así como nuestras virtudes para fortalecerlas y utilizarlas a nuestro favor. Nos brindan valiosas lecciones de vida que nos ayudan a enriquecer nuestra visión del mundo y de nosotros mismos.
Los errores afinan nuestra puntería, nos ayudan a aumentar las probabilidades de éxito, nos descubren habilidades, contenidos, información que no conocíamos pero que son importantes para nuestras metas. Y, desde el punto de vista psicológico, son una oportunidad para reforzar nuestro carácter, trabajar en nuestra autoestima y autoconfianza y evaluar la fortaleza de nuestro propósito educativo y de vida. Una oportunidad de conectar con nosotros mismos, descubrir nuestro lado más humano y reinventarnos una y otra vez.
Sin embargo, esto solo ocurre cuando somos capaces de aceptar y aprender de los errores. Porque curiosamente cuando aprendemos a abrazar nuestros errores se reducen las probabilidades de equivocarnos en el futuro porque al hacerlo abrimos nuestra mente a nuevas posibilidades, nos despojamos de creencias antiguas que no nos funcionan y recalibramos nuestra visión del mundo. Obviamente, tampoco se trata de ir cometiendo errores por el mundo, sino de asumirlos como parte de la vida y aprender de ellos. Porque un error puede ser catastrófico, pero también enriquecedor.
5 claves para aprender de los errores, y que tus traspiés no sean en vano
Aprender a ver los errores como oportunidades de aprendizaje es esencial para desarrollar una mentalidad de crecimiento. De esta manera, no solo evitarás sentirte como un “fracasado” cuando te equivoques porque los errores no representarán una amenaza para tu identidad, sino que podrás convertirlos en tus aliados para crecer con la vista puesta en tus objetivos. ¿Cómo conseguirlo?
- No temas equivocarte
Sin duda, el primer paso y quizá más importante para aprender de tus equivocaciones consiste en asumir los errores como parte de la vida y como un evento puntual que no te identifica como persona. Esto no solo evitará culpas innecesarias que afectan tu autoestima, sino que te ayudará a afrontar los errores como una posibilidad más, reduciendo así el miedo a equivocarte.
Por supuesto, nadie quiere equivocarse, pero es algo inherente al ser humano y antes o después todos nos equivocaremos. Cuanto antes aceptes esta realidad, antes dejarás de ver los errores como enemigos de tu crecimiento y aprenderás a integrarlos como parte de tu desarrollo educativo y personal.
- Asume tus errores
Cuando nos equivocamos una de las reacciones más comunes suele ser negar nuestro error a toda costa mientras cargamos la responsabilidad en otros o en causas externas. Sin duda, esta estrategia nos ayuda a sentir mejor, pero no nos permitirá crecer. Si en realidad quieres aprender de los errores es fundamental que seas capaz de reconocer que te equivocaste y asumas tu cuota de responsabilidad.
Practica la autoaceptación. Entiende que ese error fue un evento particular y no una situación permanente. Te has equivocado, sí, pero eso no significa que seas un “fracasado/a”. Significa que aún hay cosas que desconoces y, por tanto, en tus manos está recomponerte, aprender la lección y seguir adelante o quedarte anclado en ese punto.
- Identifica dónde te equivocaste
Aprender de los errores demanda un trabajo arduo. Por tanto, si quieres resurgir de tus errores no basta con aceptar que te equivocaste, también es importante que hagas un análisis exhaustivo de lo que salió mal, dónde te equivocaste y cómo puedes corregirlo. Pregúntate qué ha sucedido, ¿qué falló? ¿Fue tu responsabilidad o actuaron causas externas? ¿Se debió a tu falta de conocimientos o habilidades o a algún detalle que pasaste por alto?
Descubrir las razones por las que te equivocaste no solo te permitirá intentar solucionar tu error, sino que evitará que tropieces con la misma piedra dos veces.
- Saca una lección
A veces cuando analizamos nuestras equivocaciones nos centramos tanto en el error cometido que pasamos por alto la lección que encierra. Sin embargo, es realmente esa lección la que contiene todo el aprendizaje que nos empoderará y ayudará a desarrollar una mentalidad de crecimiento. Por tanto, en lugar de quedarte en la superficie del análisis, ve un paso más allá y reflexiona sobre lo que puedes aprender de esa situación.
¿Te equivocaste por no tener en cuenta un detalle? Debes aprender a ser más cuidadoso y comprobar todo antes de terminar una tarea. ¿No sabías que eso podía suceder? Quizá deberías prepararte un poco más en el tema antes de volver a intentarlo. La idea es que puedas integrar ese aprendizaje a tu sistema de conocimientos para utilizarlo en otro momento.
- Extrapola el aprendizaje
Cuando se trata de aprender de los errores, a menudo solemos retener esa lección en el área concreta en la que nos equivocamos. Por ejemplo, si fallamos al transmitir nuestras ideas en una redacción o una presentación oral porque no encontramos las palabras adecuadas, nos limitamos a mejorar nuestro discurso para hacerlo mejor la siguiente vez. Sin embargo, en realidad este es un aprendizaje que podríamos extrapolar a todas las áreas de nuestra vida y que seguramente las enriquecería.
Por tanto, cuando aprendas una nueva lección, piensa en cómo puede ayudarte a prevenir futuros errores, pero también cómo la puedes aplicar a otras áreas de tu vida. Esto podría ayudarte a evitar muchos pasos en falso sin tener que errar una y otra vez.
Crédito de foto: Imagen libre de Pexels





Deja una respuesta